Antonio Sernández tiene 83 años. Según explica, nació un 21 de diciembre, después de que su madre «viniera de lavar las tripas de los cerdos, así que nací agricultor prácticamente». Pero aunque nunca se dedicó profesionalmente a este sector, el criarse en un pueblo le hizo conocer el campo al dedillo. Además, «los chavales de antes, con 10, 11, 12 años, teníamos que trabajar porque si no el padre echaba la bronca», recuerda entre risas.