Hay una sensación muy particular que aparece, precisamente, cuando las cosas empiezan a ir bien. Consigues un ascenso, lideras un proyecto importante o alcanzas una meta por la que llevabas años trabajando y, en lugar de sentir orgullo, surge una voz interna que te susurra que, en cualquier momento, todo el mundo descubrirá que en realidad no sabes lo que estás haciendo.
Si alguna vez has pensado así, no estás sola. El síndrome de la impostora es mucho más frecuente de lo que parece. Se estima que hasta un 75% de las mujeres lo experimentan en algún momento de su vida profesional. Lo paradójico es que casi nunca refleja una falta de capacidad. Al contrario, suele afectar a personas competentes, preparadas y con un alto nivel de exigencia hacia sí mismas.