Estamos muy acostumbradas a comer según lo que creemos que es adecuado, lo que nos han contado, lo que hemos leído… dejando completamente de lado lo que de verdad necesitamos. El objetivo de la alimentación consciente es que volvamos a prestar atención a nuestras sensaciones de hambre y saciedad; es decir, que aprendamos a alimentarnos escuchando y atendiendo a las señales de nuestro cuerpo.
En realidad, es algo que sabíamos hacer, pero hemos olvidado. Cuando nacemos, sentimos estas señales de forma natural. La mayoría de los bebés lloran cuando tienen hambre y dejan de comer cuando se sienten satisfechos. El problema es que, cuando crecemos, debido a los horarios, al ‘tienes que comerte todo lo del plato’, etcétera, dejamos de atender a esas sensaciones.