Proteger y conservar el capital natural es una de las principales metas de las organizaciones internacionales. Así lo refleja el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, aprobado en diciembre de 2022. Con la vista puesta en 2050 y persiguiendo la armonía con la naturaleza, este acuerdo establece como primera meta “la conservación y gestión efectiva del 30% de la superficie terrestre y de la superficie marina, mediante una red de áreas protegidas”, lo que se considera vital para el futuro de la humanidad salvaguardar las tierras y aguas continentales, así como las zonas oceánicas y costeras del mundo.
En este sentido, el Protected Planet Report 2024, elaborado de manera bienal por el SDG Knowledge Hub, determina que ya son 51 países y territorios que cumplen con este criterio de cobertura en tierra, mientras que 31 ya lo superan en zonas marinas. A pesar de ello, solo el 17,6% de la tierra y las aguas continentales y el 8,4% de las áreas oceánicas y costeras están actualmente protegidas y conservadas, lo que supone una brecha entre lo necesario y lo alcanzado. Mientras los países siguen esforzándose por la protección y la restauración ecológica, los retos del cambio climático aumentan la necesidad de regenerar y salvaguardar el capital natural.